Francisco Olmedo
Mucha gente dentro y fuera del país, incluso chavista, consideró que Nicolás Maduro no calzaba los puntos mínimos necesarios para asumir tamaña responsabilidad al frente de la República y, tan pronto asumió el cargo comenzó todo tipo de ataques desde todas partes provocando lógicas dificultades para la gobernabilidad de la nación, con las consecuencias que en general implica en cualquier país un rosario de ofensivas generales como las que ha tenido que enfrentar.
Innegable que la situación social, política y económica de Venezuela se ha venido deteriorando en estos últimos cuatro años, incluso desde un poco antes, en buena medida por causa de nuestras deficiencias y por la inocultable y perniciosa corrupción que viene carcomiendo el tejido social venezolano y que se expresa groseramente en la exhibición descarada de bienes y riquezas mal habidas, por parte de funcionarios y privados. Pero de manera clara e indiscutible es por la feroz guerra económica.
La oposición fascista y apátrida, cumpliendo las órdenes emanadas desde Washington, desata esa andanada de hechos violentos, con muertos heridos y destrucción de bienes públicos y privados, generando un tremendo malestar en la población, sobretodo en los territorios de las capas medias donde los escenifican, pensando equivocadamente que eso les redundará en beneficio político electoral, tal como ocurrió en diciembre de 2015 cuando ganaron la A.N.
Pero el muchacho les salió respondón. El menospreciado por las élites chofer de autobús, en una clara demostración de que Chávez no se equivocó al escogerlo, ha dado un golpe de mano maestro, una jugada genial, con su llamado a que el pueblo, en soberano ejercicio de sus derechos establecidos en la Constitución del 99, elija una Asamblea Nacional Constituyente que sirva, en primer lugar para proteger y blindar la propia Constitución; fortalecer aspectos que por diferentes causas quedaron sin ser suficientemente amplios en la actual; incluir la constitucionalidad de las misiones y grandes misiones; un reconocimiento claro a sectores de la población aun desprotegidos ante la ley; revisar y adecuar aspectos que tienen que ver con los atentados contra la soberanía, la independencia y la seguridad nacional; del mismo modo que abre la posibilidad para que logremos una economía propia en la mayor medida posible, procurar la autosustentabilidad. Pero a mi entender, pienso que es una preciosa oportunidad para planificar la definitiva desaparición de esos Consejos Legislativos, Concejos Municipales, incluso Alcaldías, que bien pudieran ser sustituidos por el Poder Popular, el Poder Comunal.
Estamos claros que aun teniendo esa cantidad de leyes del Poder Popular que nos dejó Chávez no hemos avanzado mucho en esa materia, pero igualmente pienso que ha sido por las tácticas que se usan desde el poder constituido, usando cualesquiera mecanismos y subterfugios para convencer al pueblo, a las masas, que no se hace falta que hagan nada porque desde ellos todo puede resolverse.
Gran parte de tantas deficiencias desde el lado del Poder Popular tiene que ver con quienes de alguna manera hemos tenido responsabilidades de liderazgo, liderazgo natural, no otorgado desde arriba sino ganado a pulso día a día y desde siempre en las calles y comunidades, en el deporte, el área cultural, laboral, académico, en diferentes actividades del quehacer diario y por cualquier razón abandonamos esos espacios y dejamos a nuestra gente a merced del burócrata de gobierno o de partido, sabiendo que a pesar de este proceso transformador todavía nos quedan rezagos de la vieja cultura política de la IV República. Es la hora de que quienes creemos tener mejor formación sociopolítica y/o académica, decidamos acompañar codo a codo y sin vacilar al pueblo llano. Esta oportunidad es para ese pueblo, el mismo que salvó a Chávez y a la República en 2002.
Por tal razón me atrevo a invitar a los y las más comprometidos(as) a retomar las banderas de Chávez y a buscar con entusiasmo a los y las iguales, para darle nuestra contribución a este trascendental acontecimiento que ahora se inicia y que debe ser un real punto de inflexión en nuestra historia republicana moderna. ¡VAMOS A CONSTITUYENTE!
Mucha gente dentro y fuera del país, incluso chavista, consideró que Nicolás Maduro no calzaba los puntos mínimos necesarios para asumir tamaña responsabilidad al frente de la República y, tan pronto asumió el cargo comenzó todo tipo de ataques desde todas partes provocando lógicas dificultades para la gobernabilidad de la nación, con las consecuencias que en general implica en cualquier país un rosario de ofensivas generales como las que ha tenido que enfrentar.
Innegable que la situación social, política y económica de Venezuela se ha venido deteriorando en estos últimos cuatro años, incluso desde un poco antes, en buena medida por causa de nuestras deficiencias y por la inocultable y perniciosa corrupción que viene carcomiendo el tejido social venezolano y que se expresa groseramente en la exhibición descarada de bienes y riquezas mal habidas, por parte de funcionarios y privados. Pero de manera clara e indiscutible es por la feroz guerra económica.
La oposición fascista y apátrida, cumpliendo las órdenes emanadas desde Washington, desata esa andanada de hechos violentos, con muertos heridos y destrucción de bienes públicos y privados, generando un tremendo malestar en la población, sobretodo en los territorios de las capas medias donde los escenifican, pensando equivocadamente que eso les redundará en beneficio político electoral, tal como ocurrió en diciembre de 2015 cuando ganaron la A.N.
Pero el muchacho les salió respondón. El menospreciado por las élites chofer de autobús, en una clara demostración de que Chávez no se equivocó al escogerlo, ha dado un golpe de mano maestro, una jugada genial, con su llamado a que el pueblo, en soberano ejercicio de sus derechos establecidos en la Constitución del 99, elija una Asamblea Nacional Constituyente que sirva, en primer lugar para proteger y blindar la propia Constitución; fortalecer aspectos que por diferentes causas quedaron sin ser suficientemente amplios en la actual; incluir la constitucionalidad de las misiones y grandes misiones; un reconocimiento claro a sectores de la población aun desprotegidos ante la ley; revisar y adecuar aspectos que tienen que ver con los atentados contra la soberanía, la independencia y la seguridad nacional; del mismo modo que abre la posibilidad para que logremos una economía propia en la mayor medida posible, procurar la autosustentabilidad. Pero a mi entender, pienso que es una preciosa oportunidad para planificar la definitiva desaparición de esos Consejos Legislativos, Concejos Municipales, incluso Alcaldías, que bien pudieran ser sustituidos por el Poder Popular, el Poder Comunal.
Estamos claros que aun teniendo esa cantidad de leyes del Poder Popular que nos dejó Chávez no hemos avanzado mucho en esa materia, pero igualmente pienso que ha sido por las tácticas que se usan desde el poder constituido, usando cualesquiera mecanismos y subterfugios para convencer al pueblo, a las masas, que no se hace falta que hagan nada porque desde ellos todo puede resolverse.
Gran parte de tantas deficiencias desde el lado del Poder Popular tiene que ver con quienes de alguna manera hemos tenido responsabilidades de liderazgo, liderazgo natural, no otorgado desde arriba sino ganado a pulso día a día y desde siempre en las calles y comunidades, en el deporte, el área cultural, laboral, académico, en diferentes actividades del quehacer diario y por cualquier razón abandonamos esos espacios y dejamos a nuestra gente a merced del burócrata de gobierno o de partido, sabiendo que a pesar de este proceso transformador todavía nos quedan rezagos de la vieja cultura política de la IV República. Es la hora de que quienes creemos tener mejor formación sociopolítica y/o académica, decidamos acompañar codo a codo y sin vacilar al pueblo llano. Esta oportunidad es para ese pueblo, el mismo que salvó a Chávez y a la República en 2002.
Por tal razón me atrevo a invitar a los y las más comprometidos(as) a retomar las banderas de Chávez y a buscar con entusiasmo a los y las iguales, para darle nuestra contribución a este trascendental acontecimiento que ahora se inicia y que debe ser un real punto de inflexión en nuestra historia republicana moderna. ¡VAMOS A CONSTITUYENTE!
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